3 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

LA MUJER: DELICADA CREACIÓN.

Que mejor momento para dedicarle a la mujer nuestro sincero y leal reconocimiento por su naturaleza genuina, sus destacados atributos y su infinito poder relevante que le permitieron evolucionar a través de los años. Demostrando que su capacidad intelectual es digna de confianza, además de la destacada función de gestar en su vientre una nueva vida para perpetuar la especie humana, conduciendo, en todo momento a la familia, por el camino adecuado.

No todo fue fácil debido a que las instituciones educativas, la familia y la iglesia hasta mediados del siglo pasado, estaban diseñadas para mantener el conformismo, tolerando la dependencia física y mental de la mujer. Para cerciorarnos de las condiciones en que vivían estas “bellas y benditas de ayer, hoy y siempre”, elegimos una narración de la señora Victoria Morales Hernández, que nos enfoca en el problema que ellas enfrentaron.

“En el año de 1911, ya era una señorita casadera, por lo que, estaba obligada aprender a tejer, bordar, cocinar y a administrar una casa, ya que estaba segura que contraería matrimonio. Empecé a descubrir el secreto de cómo debe ponerse una mesa, manteles, platos, cubiertos, salero y lo que necesita el comensal a la hora de la comida. Luego tenía que saber cocinar un chile-atole con carne de puerco, pollo con flor de izote, bolitas de masa rellenas de tlanepa y cubos de chayote.

También me enseñaron a preparar el tapado de pollo o huerto, al que se le agrega manzana, ruedas de pera, plátano, aceitunas, alcaparras, almendras, hierbas de olor y jitomate. Se cuece en olla de barro. Además, caldo de haba, típico de la cuaresma, bien rociado con aceite de oliva. El mole y el tlatonile, platillos huatusqueños también los servimos en nuestro pueblo Coscomatepec. Las cebollas rellenas de picadillo y la carne guisada con recaudo, fruta, orégano y tomillo.

Recuerdo como se hace la cola de gato con mazorcas tiernas cocidas y molidas, mescladas con huevo, fríes la masa, quedando una torta deliciosa, que se acompaña con verdura. A mí me gusta con azúcar y canela espolvoreada. Sin olvidar los tamalitos de frijol. Chayotes y chayotezcle capeado, las tortas de gasperito, el pescado cocido con yerbas de olor, los triángulos de frijol y habas fritos en tuétano, la cabeza de ternera al horno, las empanadas de seso, el queso de cabra y los tepejilotes.”

Es impresionante lo que expone la “Nona Victoria” en su libro recopilado por su nieta, Irais Tress Petrilli. A pesar de que es genuina heredera del sistema creado por don Porfirio Díaz, hace gala de las obligaciones a que tenían que someterse las de su género para formalizar un hogar.  Su posición acomodada no daba pauta para dedicarse a actividades ajenas a las obligaciones rutinarias, por la fuerza de la costumbre.     

Enseguida expone que: “aprendí a preparar atole de moras, de masa con canela, de ciruela, el tepache, vinos de frutas, naranja, nísperos, tejocote y durazno.  El más famoso es el de lima, la cáscara cortada en espiral la pones a nadar en aguardiente de caña y jarabe de azúcar que emborracha en la segunda copa.” Es un estuche de cualidades, por ese motivo las de su género, en aquella época, estaban altamente cotizadas. Y conocían el refrán popular que dice: “al hombre se le conquista por el estómago”.  Finalmente, si les agrada la literatura provinciana, les recomiendo lean la Nonna Mexicana”, que nos transporta a un pasado real y apremiado de nostalgia.