29 noviembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.


TOMÁS MACHUCA: CORNETA DE ÓRDENES.


De aquellas batallas épicas, en donde fueron heridos o muertos elementos valiosos de nuestra comunidad, solo nos queda admirar los edificios que, con sus calles, vienen siendo silenciosos testigos de hechos extraordinarios, que no han sido debidamente seleccionados para dar la importancia que merecen. Para los que conocen de la geografía local, es fácil identificar la barranca de Jamapa. Situada a doce kilómetros aproximadamente de esta ciudad, por la carretera que nos lleva a Coscomatepec.

Debe su nombre al río que nace en las faldas del volcán Citlaltépec, mejor conocido como Pico de Orizaba y hace contacto con este municipio en la congregación de Calpulapa, en los límites con Ixhuatlan del Café y Tepatlaxco. Su fama a nivel nacional se dio a conocer porque en ese lugar tan escabroso se libró una de las batallas más sobresalientes de la Guerra de Reforma o también catalogada como la de tres años.

Para ser más precisos, fue el 5 de marzo de 1859 día en que se registró en este terreno intrincado por su configuración irregular. Donde predominan grandes árboles y hondonadas que se acompaña de enormes y peligrosas rocas. Quizá por esa razón, se eligió como el sitio y, la fecha ideal para preparar una emboscada al enemigo y con ello quedar registrada una hazaña significativa para la causa de los constitucionalistas.

Ahí el general y licenciado Ignacio de la Llave, se jugaba el honor ganado por años de servicio a la noble causa que encabezaba el Lic. Don Benito Juárez García, quién en su calidad de presidente de la República, en esos momentos se encontraba despachando en el Puerto de Veracruz. Mientras su familia la depositó al cuidado de la sociedad huatusqueña, dándole alojamiento en el edificio que hoy ocupa el H. Ayuntamiento.

El general De la Llave, como un firme y convencido militar, estaba consciente que este sería un enfrentamiento temerario, en virtud de que el ejército de los conservadores estaba integrado por elementos de infantería seleccionados por el general Haro y Tamaríz, un militar feroz y despiadado. Todos veteranos de diversos combates celebrados en el País. Cinco mil hombres era el número de las tres armas que venían seguros a vencer a una columna de quinientos milicianos, quizá indisciplinados, pero con el corazón firme para defender las causas justas.

Antes de entrar en combate, él brillante estratega orizabeño se paró frente a sus soldados y los motivó con un discurso: –“Vamos a acometer la empresa quizá más temeraria que pueda registrarse en los anales de nuestra lucha por la libertad. Disfruto el placer de ratificar mi opinión acerca de que en Huatusco y Coscomatepec contamos con leales partidarios. La patria les premiará algún día sus buenos servicios”.

“Que se armen y municionen lo mejor posible a todos y una vez terminada la acción, quedan en libertad para dispersarse”. Dicho lo anterior se retiraron a cumplir con la orden. Solo uno de ellos quedó en firme esperando otra disposición. Percatándose de ello el general De La Llave se dirigió a él con curiosidad: ¿cómo te llamas muchacho ¿preguntó. –Tomás Machuca mi general, para lo que usted mande. Contestó. ¿En qué cuerpo has servido ¿–Cómo cabo de corneta en la Guardia Nacional de Huatusco señor. ¿Conoces bien los toques de ordenanza ¿—Toda la carretilla mi general. ¿Querrías quedarte hoy a mi inmediato servicio ¿–Hasta de trinchera le serviré a usted si fuere necesario. –No, desde este momento te nombro mi corneta de órdenes”.