7 diciembre 2022

Entorno Noticias

Calidad Informativa

Desde Huatusco

3 minutos de lectura

ROBERTO GARCÍA JUSTO

DOÑA “GUICHA”: FORJADORA DE PUROS

La esencia de la vida se conjuga como si fuera una ceremonia del fumador que va más allá de las frecuencias del humo y se diluye en el aire formando figuras caprichosas.

Casi siempre son fecundas inspiraciones cargadas de premoniciones semejantes a delicadas revelaciones sobrenaturales que nos muestra de manera inequívoca, como se construye el placer corporal, profundamente desmesurado y que disloca los sentidos, emancipando el pensamiento hasta fundirlo en la nada.

Cuando Cristóbal Colón descubrió América, “los nativos nos trajeron frutas, lanzas de madera y ciertas hojas secas que emitían una fragancia especial…iban pues, muchos indios con tizones encendidos en las manos y ciertas yerbas secas que hacían un rollo o canuto, lo encendían por un lado y se ponía en la boca el otro, chupaban el humo y echaban después al aire.”

Es la transcripción que hace Fray Bartolomé de las Casas de un hecho relevante. Los antropólogos, en su mayoría coinciden que el uso del tabaco es originario de este continente.

Existen evidencias que desde hace diez mil años en la región que comprende Perú y Ecuador, lo utilizaban como un componente básico relacionado con la religión, la magia y la medicina.

Se aplicaba como incienso a los dioses, para limpiar a sus muertos, curar más de veinte enfermedades, en los pedimentos matrimoniales, para quitar el cansancio y antes de un combate los guerreros se untaban la cara y el cuerpo.

Se dice que cuando Rodrigo de Jerez, integrante de la tripulación de Colón regresó a España en la nave llamada la Niña, ya había adquirido el hábito de fumar. Por lo que, al hacerlo frente a sus vecinos ayamontinos, estos se alarmaron creyendo que era un acto de brujería debido a que solamente el demonio era capaz de dar poder al hombre para echar humo por la boca y la nariz.

La Santa Inquisición lo encarceló acusado de ritos endemoniados. A los siete años fue liberado y grande fue su sorpresa al enterarse que en la mayor parte de Europa se había incrementado el uso del tabaco.

Durante la colonia estaba expandido el consumo de esta planta, los mayas, aztecas y demás razas originarias conservaron la costumbre y la transmitieron a otros rincones del mundo, creando una economía monopólica importante para el País.

En el siglo XVII las exportaciones se consolidaron, el cultivo en Huatusco creó una estructura agrícola junto a la manufactura de puros de calidad. Se instalaron talleres en domicilios particulares que contrataron mano de obra de mujeres y hombres laboriosos.

María Luisa Islas, mejor conocida como doña “guicha”, era una de ellas, desde niña aprendió el arte y sus hábiles manos servían para elaborar hasta seis mil puros al día.

Ganando tres centavos por cada paquete de cien piezas. La técnica la sabía de memoria, seleccionaba las hojas deshidratadas, grandes y suavecitas para el capote. Y las gruesas las ponía como picadura o recorte. Sobre mesas se acomoda el material para envolverlo rodándolo sobre una tablita, el pulido y el tallado son la clave para que la mercancía fuera de perilla o de taco.

Actualmente ya no se siembra una sola mata de tabaco en la región, en 1965 terminó su ciclo, debido a la introducción de una cantidad increíble de marcas de cigarrillos de todos precios. Además, las campañas para prevenir el tabaquismo son constantes.

La American Cáncer Society advierte que: “El hábito de fumar perjudica todos los órganos del ser humano. El índice de muertes de cáncer pulmonar se duplica cada año tanto en hombres como en mujeres”, por lo que, recomienda no hacer contacto con este narcótico que no beneficia, y quebranta la salud gravemente.

Al respecto Voltaire nos ilustra: “se que el cigarro es un vicio que mata lentamente. Pero, no tengo prisa”.