5 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO

MEMORIA HISTÓRICA

La historia tiene grandes ventajas para las nuevas y viejas generaciones, por esa pantalla interminable de acontecimientos, se deslizan testimonios incomparables que, de otra forma dejarían de ser una razón del conocimiento.

Y correríamos el riesgo de que se borrasen de la cadena que nos une, es por ello que nuestra ciudad debería declararse como el centro regional de la paradoja, para volver más real lo que imaginamos y escribir lo que en verdad pudo haber sucedido.

A la sombra de los grandes acontecimientos, el Señorío de Cuauhtochco, como la mayoría de los cacicatos indígenas, que, por su extensión territorial no se conoce con certeza la antigüedad y amplitud de su dominio.

Se sitúa en un radio de aproximadamente quinientos kilómetros cuadrados, donde se encontraba una población rodeada de fortificaciones de granito que levantaron para ofrecer seguridad a sus habitantes.

Al estar ubicado en el zenit de la región montañosa, la superficie es quebradiza por naturaleza. Arroyos y riachuelos de aguas caudalosas en época de lluvias, se deslizan entre las rocas por la zona. Siendo el elemento básico para la humedad de la tierra, así como del clima templado, dando albergue a una vegetación variada y colorida.

El cultivo del maíz es considerado pilar de la cultura autóctona, además de sembrar frijol, chile que son los tres elementos principales de la alimentación. Variadas yerbas comestibles, peces y animales silvestres complementaban la dieta.

La descripción de los actos surgidos durante la conquista de México es indispensable para entender la metamorfosis sufrida en el imperio azteca.

Los que la consumaron, soldados y misioneros estaban considerados como el principio de una civilización avanzada y era lógico que sometieran a otra que se defendió con autentico valor. Cambiaron los nombres de los pueblos, así como su forma de organización social.

Enviado por don Hernán Cortés, el capitán Gonzalo de Sandoval, asumió la responsabilidad de pacificar las provincias del Golfo, formando parte de la expedición don Bernal Díaz del Castillo.

Hecho que justificó don Hernando: “determiné de enviar a Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor, con treinta y cinco de a caballo y doscientos españoles y gente de nuestros amigos y con algunos principales y naturales de Temixtlán, a aquellas provincias que se dicen Tatatetelco, Tuxtepeque, Guatochco y Aulicaba.

Y dándole instrucciones de la orden que había de tener en esta jornada que comenzó a aderezar para la hacer…”

Un cronista nos relata que: “consumada la obra de la conquista, se despertó en los habitantes del Señorío el patriotismo y la sed de venganza. El gobernante del Señorío al encontrarse frente a las tropas de Sandoval aconsejó a los habitantes no hacer resistencia por juzgar inútil la lucha, en vista de los cuantiosos elementos conque iban a ser batidos.

En consecuencia, los Cuauhtochcas abandonaron la ciudad, destruyéndola en su mayor parte, y fueron a refugiarse entre las escabrosidades de las montañas vecinas”.

Por desobedecer órdenes del gobernador general de Cuba, Diego Velázquez de Cuellar, de no embarcarse para la capital Azteca, Hernán Cortés fue víctima de una persecución por parte de Pánfilo de Narváez. En Guatochco, Cortés realizó reuniones con los enviados de Narváez para convencerlos a que se sumaran a su empresa.

Muchos de ellos así lo hicieron, debilitando la fuerza del enemigo, por lo que, evadirlo resultó más cómodo. De Sandoval asumió el mando político-militar, de esta jurisdicción, concretando los primeros repartimientos de tierra, desposeyendo a los naturales, quienes fueron humillados por varios siglos.