3 diciembre 2022

Entorno Noticias

Calidad Informativa

Desde Huatusco

3 minutos de lectura

ROBERTO GARCÍA JUSTO.


SUEÑO DE VERANO


Los días más calurosos del año inician, tentativamente con la entrada de la estación de verano, 21 de junio. Suena muy emotivo escuchar como rugen los truenos en la inmensidad del cielo. De pronto obscurece y la lluvia conmueve las entrañas de la tierra, haciendo eco en las montañas llenas de cuevas que parece que se abren tímidamente ante el vendaval que las seduce.

Las nubes cargadas del vital líquido son arrastradas, como guiñapos, por los aires del océano hacia el centro del País, las relampagueantes luces de los poderosos rayos envían un fatídico mensaje que presagia tragedia en donde la precaución es inexistente. Cuantos misterios se acumulan en cada manifestación que la naturaleza nos regala.

Este es un esbozo del ambiente que se ha vivido desde hace muchos años, las generaciones pasadas han comprobado que esta humedad es propicia para que el clima sea agradable, placentero para disfrutar de las bondades que nos envía el Ser Superior. Además, esto no es un obstáculo para que la comunidad trabaje con entusiasmo en el campo y la ciudad.

El viejo Huatusco, nos describe que los habitantes, tomando en consideración los fenómenos naturales, construían las casas idóneas para resistir el impacto que con frecuencia sucedía. Paredes de cal y de canto capaz de aguantar las tormentas más agresivas. Los techos de madera soportaban el peso de las tejas que se colocaban una sobre otra para evitar que volaran por los fuertes vientos.

Los padres de familia ya sabían que, cuando se pronunciaba la tormenta, guardaban los artículos de metal que usaban en la cocina o sus labores domésticas, como por ejemplo coser o remendar la ropa. Los espejos eran cubiertos con cobertores y nadie tenía la intención de peinarse para no atraer las descargas eléctricas.

La preocupación de las amas de casa se reflejaba ante la incapacidad de lavar y secar la ropa. Se humedecía y llenaba de hongos, que como puntitos negros la dejaban inservible. Los caminos de herradura se volvían intransitables. El fango, las rocas desbordadas de los cerros y los árboles atravesados, no permitían el tránsito. Hasta que brigadas de voluntarios despejaban la vía.

Para meditar los hechos, invitamos al poeta huatusqueño, Guillermo Landa, para que cite con precisión su visión en verso.

LA NUEZ JUEGUETE.

Con fustes de nuez mestiza/ arma el niño su bajel/ y sus juegos empavesa/ con gavias que son papel// Por mástiles mondadientes/ sin necesidad de embrear, / ensueños por gallardetes/ para llegar a la mar// El arroyo le bastará/ para hacer su singladura/ que de las nubes bajará/ con briosidad de montura//

Proa a la calma la nuez/ queda el pairo en la caleta/ limosa y lluvia por vez/ lava y pule la banqueta// ya las calles navegables/ sirtes vence el cascarón/ de empedrado y deseables/ nauterías del corazón// Alma viajera infantil/ en barco ofuscado no;/ fachendosa edad mocil/ cuesco y zurrón olvidó.”