29 noviembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

DEL CACICATO AL CORREGIMIENTO.

Muy pocos podemos comprender el progreso de los primeros pobladores que construyeron el gran cacicato de Cuautochco, las narraciones existentes, pueden ser producto de la imaginación. Sin embargo, las ruinas que se mantienen como testigo silencioso de lo que fue una espléndida ciudad, revelan el grado de crecimiento y la forma de organización social y proporcionan las bases para organizar un análisis profundo con el fin de obtener una idea exacta y llenar los espacios que permanecen en blanco.

Nadie posee información que garantice la veracidad de los hechos, sin embargo, se cuenta con investigaciones de que, una larga peregrinación de tlaxcaltecas se desplazó rumbo a las costas del océano, con el interés de encontrar un sitio donde las condiciones fueran ideales para establecerse. El Teopixque o gran sacerdote que guiaba al grupo, deslumbrado por las bondades naturales que ofrecían estos terrenos, decidió edificar los cimientos de la comunidad.

Similar a la historia de la construcción de la Gran Tenochtitlan, la diferencia consiste en que, mientras allá se asentó sobre un lago, cuyo símbolo es un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente, aquí se hizo sobre el espinazo de una loma y se tiene como emblema un conejo. Al cabo de algún tiempo la población contaba con un lugar apropiado que les proporcionaba seguridad, alimento y techo para la familia. Para complementar la relación con los ritos heredados por anteriores generaciones, se construyó el Teocalli, centro ceremonial ubicado en el corazón del caserío.        

El desarrollo se consolidó a través de los años, de tal suerte que Moctezuma Ilhuicamina, quinto rey Azteca, consideró conveniente a sus intereses, someter al cacicato que, después de algunas resistencias, se les obligó a pagar tributo al imperio. Con la salvedad de que respetaron sus costumbres y creencias que eran distintas a la que profesaban aquellos. Además de que colaboraron para darle presencia y respeto al Teocalli durante los años de su dominación. 

A diferencia de los europeos que, sometieron violentamente a los naturales para instalar un Virreinato y con ello convertir al Señorío en un importante corregimiento.  Colaborando para esta causa, el clérigo Alfonso de Aguilar, quién obedeciendo la consigna de sus superiores, de erigir iglesias para inculcar la religión, clavó una cruz en las ruinas del Teocalli, dejando marcada la fecha de inicio de una etapa en la vida de las futuras generaciones.

La evangelización continuó con el advenimiento de los frailes de la orden de los franciscanos. A quienes se les atribuye que construyeron la primera capilla de San Jerónimo, en lo que hoy es el municipio de Zentla, que tiene las mismas características de la arquitectura fomentada por esa hermandad. Hay mucha semejanza con el de Tepeaca, Puebla, cuya estructura se ha conservado en buenas condiciones. Ahí se localizaron actas de nacimiento escritas en náhuatl, que datan del año 1600.      

El maestro Gonzalo Aguirre Beltrán, apunta que los tribunales de mayor influencia y autoridad del gobierno eclesiástico, son los del Santo Oficio de la Inquisición. Como pueblo de indios, Huatusco no estaba dentro de su jurisdicción, sin embargo, el Consultor de esa organización, libró oficios de censuras generales, hasta de anatemas a los lugareños con el pretexto del litigio que se ventilaba con respecto de la posesión de la tierra.    

Los reyes de España, se creían, y así lo manifestaban, ser benefactores y protectores de los naturales, basta recordar la frase célebre que lanzó por todos los continentes Isabel la Católica: “¿quién dio licencia a Colón para repartir mis vasallos.? “Ese rostro amable lo secundó Felipe II al decir: “vale más la libertad de los indios, que todas las minas del mundo…” cuando la realidad era otra.