5 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO

¡ PATRIA, PATRIA, TUS HIJOS TE JURAN …

¡¡¡¡ Oh virgen guadalupanarodeada de serafines,que viva la independenciay mueran los gachupines¡¡¡Varios años de sufrimientos, acosados por el hambre y las balas, el pueblo de Huatusco estaba cansado de tantas penalidades que habían causado las tropas independentistas y realistas, que mataban, incendiaban y saqueaban los ranchos y las casas sin respeto de edad ni sexo.

Llegaban a tomar la plaza y exigían dinero, alhajas, las reliquias sagradas de los templos, además de llevarse a los jóvenes para servir de espías, correos, cavar trincheras y abrir caminos.

Las familias vivían acongojadas por la forma en que reclutaban con el uso de la violencia a sus hombres para incorporarlos como soldados.

Unos regresaban, otros no, todos peligraban hasta los que cuidaban la caballería de la tropa. Ya no había armas que entregarles ni pólvora para los mosquetones.

Por esa razón se le ofrecieron los restos humanos del panteón, mismos que fueron exhumados para fabricar la pólvora con la tierra salitrosa que se amontonaba a su alrededor.

Mucha gente venía a buscar refugio para esconderse de los estragos de la guerra, sin nada que los amparara recurrían a la generosidad de los paisanos para que les proporcionaran techo, comida, medicinas para curar sus enfermedades y heridas sufridas en el trayecto o en los enfrentamientos.

El sacrificio que se compartía estaba empeñado para servir a la patria, sin importar que faltaran unos años más para lograr la tan anhelada paz. En esa vorágine de acontecimientos, la historia nos habla de un joven bautizado como José María Vela y que, por su carácter alegre y dicharachero, sus amigos lo bautizaron con el mote de “velilla”.

Originario de Tlamatoca, le gustaba vestir sencillo, delgado de cuerpo, moreno y agradable en su trato. Montaba un brioso potro retinto, pajarero y bailador. Solamente él sabía la pena que lo embargaba.

Su decisión se notaba a leguas, iba en busca de la brigada del insurgente apellidado Garay para incorporarse a la lucha por la independencia. Antes de llegar al punto recomendado, un rebelde le gritó: -Quién anda ahí ¿. A lo que contestó, – América paisano.

Al reconocerlo le tendió la mano para saludarlo.A grandes rasgos le comentó su intención de sumarse al movimiento de independencia nacional.Le preguntó de las razones de su actitud, y explicó que, “–el sargento español Benavides del regimiento Asturias, se aferró a que mi novia Lola tenía que ser suya. Por la buenas o por las malas, cosa que consiguió cuando inspeccionaba por el rancho, amarró al papá y los hermanos y se llevó a la joven mujer, violándola de una forma infame. Lo he desafiado a muerte, pero no ha acudido”.

Añadió, –Por Dolores no cumplía mis deberes de patriota, pero ahora estoy decidido, me lanzo a la cruzada en cuerpo y alma.

Al siguiente día estaba frente a la brigada de Garay, un rebelde respetado por su audacia en devastar a los enemigos que merodeaban por el territorio de Huatusco, Coscomatepec y otros municipios pertenecientes a la provincia de Córdoba. Se dice que tiempo después, en el Tlapalar, se encontraron dos hombres, al reconocerse se lanzaron injurias y amenazas.

El duelo era inevitable, se lanzaron decididos con la espada, el uno sobre el otro, eran Velilla y el sargento Benavides, el que, recibió un violento golpe que le partió el cráneo.

Por su valor demostrado en campaña, los comandantes que acaudillaba Garay redactaron una recomendación a sus jefes superiores con la finalidad de que José María Vela, alias “Velilla”, se considerara entre los principales sodados defensores de la patria.

Se perdió la pista, pero no deja de ser un nombre que debemos recordar por su temeraria valentía y gran amor a nuestro País que se ha construido con pérdida de valores humanos y materiales.