5 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

LA VIOLENCIA REVOLUCIONARIA.

La Revolución Mexicana se manifestó en esta zona a partir del 14 de mayo de 1911, cuando los caudillos del movimiento en el centro del Estado Gabriel Gaviria y Cándido Aguilar, tomaron esta ciudad, luego de un insignificante tiroteo, sin consecuencias. Siendo jefe político don Joaquín A. Castro, que ofreció una débil resistencia con escasa fuerza de rurales y algunos entusiastas ciudadanos que eran fieles partidarios.

Los sucesos armados fueron intensos y estrujantes durante los años que duró la confrontación. Sin embargo, los migrantes italianos que tenían aproximadamente veinte años de radicar en las comunidades que con esfuerzo y trabajo fundaron. Es en esa época que comenzó el calvario para todas las familias que vivían abandonadas a su suerte en las poblaciones o rancherías sin protección por parte de las autoridades.

Relatan los supervivientes que, el conflicto se extendía por toda la nación, y en realidad se consideraba una lucha fratricida, un caos generalizado se impuso por todas partes debido a que la mayoría de los alzados no sabían ni porque, ni para quién peleaban; declarándose la preferencia por simpatía de los cabecillas, unos en favor de Emiliano Zapata, otros por Venustiano Carranza y los había por el Centauro del Norte, Francisco Villa. Mientras la inseguridad prevalecía por doquier.

Era impresionante la forma de operar de los grupos armados que vigilaban, aislaban y saqueaban las casas y a los que se arriesgaban a transitar por los caminos, transportando mercancía o alimentos, violentamente los asaltaban. Y los que ponían resistencia eran golpeados y colgados de un árbol. Por esa misma razón escaseaba los víveres, sobre todo el maíz que no se podía ocultar, creando un daño grande al dejar sin sustento a niños, mujeres y ancianos indefensos.

En muchas ocasiones la señora preparaba la escasa ración para la familia y llegaban de improviso los bandoleros armados, de uno u otro bando, comiéndose en un santiamén todo lo que había. Y cuando las ollas estaban vacías, con sus rifles mataban las gallinas para prepararlas y saciar su voraz apetito. “Aún recuerdo a aquellos soldados improvisados, tirados boca abajo en el pasto esperando a que les sirvieran su vianda”.

La Nonna Josefina era una mujer muy valiente, montaba a caballo, contrataba arrieros para transportar café a la estación del ferrocarril en Camarón, (hoy de Tejeda), de ahí se trasladada a Soledad para comprar maíz, en el Guaje pernoctaba y al amanecer regresaba a la Colonia Manuel González. Forzosamente tenía que pasar por un retén de soldados que detenía a los paisanos para privarlos de las cosas valiosas que llevaran.

Conocedora de la situación, esta señorona, antes de llegar al reten de la zona controlada por el destacamento. Aconsejó a sus acompañantes que gritaran lo más que pudieran y dispararan al aire algunos balazos. Así lo hicieron durante un trecho desde donde se podían oír puras groserías, lo que amedrentaba a los sitiadores que salían huyendo suponiendo que era el enemigo. Momentos esenciales para pasar de prisa.

Si se interesa por conocer más de esta historia, les recomiendo el libro: “Italianos en México” cuyo autor el sacerdote católico y doctor en filosofía, José Benigno Zilli Mánica (q.e.p.d.), realiza una investigación de este fenómeno migratorio que se disgregó en toda la República Mexicana. “México tiene muchas etnias y pueblos, y los italianos son uno de los filones de esta rica diversidad”.