3 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

GUERRA Y PAZ.

Dice el refrán que las enfermedades no duran cien años y así sucedió con la Revolución Mexicana que estalló en el año de 1910. Después de una década de cruentos enfrentamientos, con el sacrificio de mujeres y hombres, así como daños materiales, se avizoraba que todo se solucionaría a través de la firma de tratados entre los grupos contendientes que se disputaban el control político y militar del País.

En esa época la sociedad huatusqueña, dedicada al trabajo del campo y actividades artesanales, conocía a profundidad la gravedad del conflicto. Existía la esperanza de que todo terminara, pero el asesinato en Tlaxcaltongo, Estado de Puebla, de don Venustiano Carranza, Presidente Constitucional de México por el Partido Liberal, creó incertidumbre debido a que se dirigía al Puerto de Veracruz con la idea de firmar la paz.

Los carrancistas que custodiaban la plaza de Huatusco, fueron emplazados para que entregaran la estratégica ciudad a los generales leales a don Porfirio Díaz, Constantino Galán, Enrique González F., Higinio Aguilar, Roberto Cejudo y el coronel Nicolás Céspedes. Por lo tanto, en una reunión de emergencia acordaron con el Presidente Municipal Luciano Solís Hernández, acatar el ultimátum el 7 de mayo de 1920.

Conocían el carácter estricto de los militares que no aceptaban excusas a sus órdenes, todos ellos egresados del Heroico Colegio Militar de Chapultepec. Esa misma noche se realizaron los preparativos para abandonar esta localidad, desde las diecinueve horas la gente comenzó a reunirse en la calle siete norte. Se hizo una lista de los acompañantes: alcalde, Luciano Solís; Regidor, Marcelino López; tesorero municipal, Teodoro Oriza; cobrador del mercado “Juárez” Felipe Tontle Bobadilla.

En otro grupo se anotó al comandante Emeterio Alvarado y sus policías además el teniente Alberto Martínez y Francisco Serna Hernández responsable de la oficina de rentas del Estado. Todos ellos coordinados por el teniente coronel Valdivia. El camino estaba despejado por el lado de la Cuchilla, por lo que, caminaron sin descaso hasta llagar al Pedregal, tratando de infundir valor a la delegación, el militar les indicó que, para no correr riesgo, acamparían ahí por el resto de la noche, debido a que todavía eran fieles seguidores de Carranza.

Al día siguiente salieron rumbo a Paso de Tablas, comenzando a resentir los efectos del calor intenso a falta de agua y comida. Ahí se acomodaron lo mejor que pudieron para descansar, iba pasando por el lugar un personaje conocido al que comenzaron a preguntar la situación en Paso del Macho. Les informó que la región estaba dominada por el coronel Manuel Velázquez y la capitana Agustina Mora, del bando de Álvaro Obregón, por lo tanto, si querían conservar el pellejo, deberían renunciar al carrancismo.

Antes de llegar a Paso del Macho, que era terreno seguro, fueron tiroteados por una guarnición que resguardaba el cerro de Tenejapilla, solamente fueron heridos por rozones de bala un sargento segundo y tres soldados, como no contestaron el fuego, el percance no tuvo mayores consecuencias. Así lograron arribar y salvarse temporalmente, regresando sanos a su nativa región. (versión descrita por los nietos de los protagonistas)