5 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

LA MITOLOGÍA AZTECA.

La mitología mexica ya existía mucho antes de la llegada de los españoles a este Gran Señorío en el año de 1521. De acuerdo a una antigua leyenda transmitida por los medios tradicionales, los llamados dioses patronos eran los responsables de velar por los pueblos conquistados que permanecían bajo su dominio.

Cuando salían las peregrinaciones de Aztlán, con la finalidad de subordinar o fundar nuevas comunidades, los varones cargaban sobre sus espaldas las reliquias sagradas de su dios principal, Huizilopochtli. Sin embargo, respetaban y dejaban intactas las creencias de los pueblos que conquistaban, como sucedió en este señorío que fue sometido al imperio de Moctezuma.

Para ellos el comienzo del mundo fue obra de quetzalcoatl y Tezcatlipoca, quienes se unieron para enfrentar al poderoso cocodrilo Tlaltecutli, señor de la tierra. Al darse cuenta que la creación no sería concretada, los dos bajaron del universo y se transformaron en enormes ofidios con el propósito de cumplir con su misión. El enemigo era peligroso por su filosa espada y dientes potentes y rechinantes. Pero con inteligencia y habilidad lo tomaron de la mano izquierda y pie derecho uno, haciendo lo mismo el otro, jalándolo hasta descuartizarlo.

Este acto violento enfureció a los demás dioses que se mostraron amenazantes contra los vencedores. Para conservar la armonía y la paz, convinieron en que los árboles y plantas que el hombre necesita para vivir, serían sembrados en la tierra surgida de la panza del monstruo, de su piel saldría el pasto, de sus ojos los afluentes y pequeñas cuevas, de sus fauces los ríos y cavernas y de sus narices las montañas y valles.

Con esas mismas enseñanzas, los nahoas que se establecieron en esta vasta zona de las altas montañas, afirmaban que en el mundo había un paralelismo, en donde los seres humanos van por un camino, en la misma dirección que los tonalme y por otro los sacerdotes, cuyo deber era el de actuar como consejeros que aplicaban la justicia de una manera imparcial, además de ejercer como curanderos con habilidades de un profeta.

No obstante que existía la armonía y el respeto dentro de los clanes, la mayoría de los hombres nacían, vivían y morían en la ignorancia. Su filosofía se regía por un sentimiento de afecto en donde se decía que por el lado del bien todo se desenvuelve y esparce como un rumor. En el mal se manifiesta lo negro, y si aparece un rayo de luz en la obscuridad, es el reflejo de las víboras en acecho de su presa.

Cabía la certeza de que, si el bien triunfaba sobre el mal, terminaría la extraña profecía de que al morir un animal o árbol, fallecía un ser humano. Eso mismo, dio origen a las similitudes. “Cuando el trino de las aves, el rugido de la tormenta, la noche que surge de las barrancas y el cielo estrellado, estarían en armonía. Sería entonces cuando la serpiente de plata del otoño, surcará nuestro cielo portando el mensaje de la felicidad”.

Los seres que florecen en los mares, en la tierra o en el aire, tienen su tonalme, no intentes cazarlos porque herirías sin proponértelo a una niña o niño. “Padre, dijo la afligida madre al teopixque, cura a mi hijo que cayó en tierra y no puede levantarse. El sacerdote lo examina y percibe con el olfato los vientos de los puntos cardinales. Una vez convencido anunció que el tonalme del pequeño es una mariposa que fue herida por una traidora araña.

Fue al sitio donde yacía a punto de perder la vida y la curó. Luego de su recuperación emprendió el vuelo alumbrada por el sol, perdiéndose a lo lejos. Al mismo tiempo que la criatura abrió los ojos y sonrió, había regresado al mundo de los mortales.”