5 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

PINTORES QUE DEJARON HUELLA.

La independencia de México firmada en 1821, dio origen a la creación de una República, debido a los decretos que abolían en teoría la esclavitud y se implantaban los derechos. Emanados de este prodigioso documento cambiaron las relaciones sociales dentro de una población pluriétnica. A partir de este suceso histórico el País se convirtió en un atractivo especial para vivir y desarrollar distintas actividades productivas que sentaron las bases de una nación en desarrollo.

Nuestra región que comprende en su totalidad catorce municipios y que todavía en el siglo XIX estaba catalogado como Cantón. A pesar de sus deficientes vías de comunicación, fue atractivo para personajes del continente europeo que con su presencia implementaron una moda novedosa en el campo y las congregaciones, dignas de ser mencionadas en las páginas de la historia nacional.

Atraídos por la actividad realizada por el Alemán Carl Cristian Sartorius Goetz, quién influenciado por sus ideas socializadoras, instaló una hacienda en las cercanías de esta localidad, y que puso por nombre “El Mirador”. Se cosechaba, principalmente, caña para producir azúcar y exportarla vía el Puerto de Veracruz. Además de cultivar una variedad importante de plantas silvestres que enviaba a Europa para su reproducción y estudio correspondiente.  

 De 1831 a 1834 recorrió el territorio su paisano y amigo, el pintor Johann Moritz Rugendas, a quién se reconoce el mérito de realizar una serie de óleos panorámicos del contorno veracruzano. Previo a los inicios de la segunda guerra mundial propiciada por la invasión de Alemania a Polonia. El presidente de la República Mexicana, por el partido conservador, don Trinidad Anastacio de Sales Ruíz Bustamante y Oceguera, mandó encarcelarlo y expulsarlo por ser identificado como participante de un golpe de estado fallido.

Con antelación, en el año de 1846 se hospedó en el mismo sitio de la Hacienda de El Mirador, un gran artista de los pinceles, el suizo Johann Salomón Hegi, hace su arribo por el año de 1849 y se mantuvo hasta 1860. De él se dice que realizó una buena cantidad de cuadros litográficos paisajistas donde plasma la vestimenta, los rasgos étnicos del pueblo, el caserío, los medios de transporte, cerros y montañas que rodean la zona de las altas montañas.

Obtuvimos información digna de comprobarse que, a finales del siglo XIX e inicio del XX la comunidad conoció a un destacado maestro que dedicaba sus horas a diseñar escenarios con pinceladas históricas. Sus familiares informan que muy joven salió de esta Ciudad para continuar con sus estudios en la Academia de San Carlos y no saben con exactitud si terminó la carrera. Pero lo relevante es que regresó al pueblo en donde pudo continuar con su fructífero trabajo.

Antonio Guzmán y Salinas, se calcula que nació en 1863 y falleció en 1943 a los ochenta años. Habiéndosele atribuido el retrato del “suplicio de Cuauhtémoc”, torturado por órdenes de Hernán Cortés para que confesara el lugar donde guardaban la riqueza del imperio azteca. Las autoridades de Zentla le solicitaron les esculpiera un cuadro en madera de don Miguel Hidalgo y Costilla, Padre de la Patria” con la finalidad de ponerlo en el edificio gubernamental.

  Casi nadie lo recuerda en medios sociales e intelectuales del municipio, pero, podemos agregarle a su producción, un león tallado y una serie de máscaras que utilizaban los danzantes del señor Santiago. Como buen jefe de familia tenía que realizar labores ajenas a sus cualidades con el fin de proporcionar casa, comida y sustento a los que dependía de él. Donde podíamos encontrar algo de sus realizaciones es en el panteón de Huatusco. Lugar en el que hizo grabaciones en algunas lápidas.

Acompañándolo en el camposanto yacen su esposa Aurelia Gómez, y sus hijos Antonio y Ruperta, en espera de que no se pierda su “humilde” aportación, al contrario, que sirva para consolidar los lazos que nos unen a un pasado fructífero y humano.