7 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

CRONISTA DE LAS ALTAS MONTAÑAS.

Con sincero respeto, porque así lo considero correcto, tengo especial admiración a los poetas y escritores que, con frecuencia, en sus épocas gloriosas, es decir cuando gozan de envidiable salud intelectual, son preferidos y consentidos por los lectores debido a sus aportaciones, a una actividad que nace en el corazón y se traslada al pensamiento para ser estampado en el universo por una mano que conduce una pluma, sobre la superficie de un papel.

 Cientos de ellos son del agrado de una población que indaga y rebusca en el tintero de las letras, para dar con el punto exacto de un recuerdo tallado en el fondo de aquellos tiempos que sin vacilación nos familiariza fortaleciendo el telar de la vida, donde se confecciona el presente y el futuro envuelto en una expresión imborrable. Es indudable que el contenido de la palabra revelada de manera permanente nunca romperá la cadena de la comunicación ni el sentimiento de afecto y cariño entre las generaciones.

En una ciudad como la nuestra, donde se esconden los misterios de una cultura milenaria y autóctona, también se pueden encontrar autores a los que no se debe desdeñar ni borrar del enorme inventario, sobre todo si en su interpretación imprimieron en el marco de las nuevas y renovadas aportaciones una mecha encendida directa a los latidos del corazón, capaz de proporcionarnos las herramientas que abran la luz del entendimiento.

Hemos de considerar que, para los momentos importantes, siempre existe un día que dicta la diferencia de los demás. Regresa a mi memoria una fecha que guardé con mucho celo en la computadora de uso personal, y ahora la destapo por razones que reseñaré de aquí en adelante. Se celebraba la reunión de Cronistas del estado de Veracruz, para ser precisos, un domingo 24 de septiembre de 2017. En un ambiente de candente demostración del archivo Estatal, conocí a una destacada mujer que por su valor ilustrativo merece ser mencionada.

  A Oralia Méndez Pérez la identifiqué por su estilo especial para corresponder a todas las interrogantes que pueda generar su presencia. Ella la considero como una de las representantes de la mujer en este mundo limitado por un machismo que se reduce por la fuerza de la inteligencia. Con la confianza que proporciona una charla informal, pude reconocer el talento y el rostro de sus obras que ha dibujado con una dimensión infinita. No hay espacio para expresar los detalles de “Veracruz, Rumbero y Jarocho”. Que se engrandece para regalarnos “El Caldero del Diablo”, quién, hermanado con “El Testamento de don Hernando Cortés” configuran una amalgama histórica que destroza la versión de una leyenda que se ha convertido en realidad.

Nacida en esta Ciudad de Huatusco a mediados del siglo pasado, siendo la Escuela Primaria Juana de Asbaje su primer contacto con el abecedario español que la transportó por el camino de la docencia. Amparada por las normas del Grupo Fénix, aporta su extenso material de investigación. Siendo también miembro de Escritores Veracruzanos A.C. y de los Cronistas Veracruzanos A.C.            

Las “30 Leyendas de Veracruz” es un libro que llegó para leerse, sin dejar para mañana su “Antología Poética” o “Un libro para un Hombre”, entre otras tantas que forman parte de su amplia cosecha y de su diametral producción. Lo repito porque lo dijo con sana plenitud: “Soy todo lo que puedo ser, soy poeta, soy mujer”.