7 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

EL CAFÉ, SIMBOLO DE PROGRESO.

Después de muchos años tormentosos, de 1880 a 1910, la paz y la tranquilidad volvió a respirarse por toda la región de las Altas Montañas. En 1876, los militares dirigidos por el general Ibarra, se retiraron a la Ciudad de Orizaba, se dice que debido al término de la etapa de administraciones municipales impuestas por don Sebastián Lerdo de Tejada. Dejando al frente a don Ignacio Canseco, quién con el apoyo de don Francisco Grajeda, constituyeron un grupo político para avanzar en el desarrollo del municipio.

Hasta esa fecha la producción agrícola de caña de azúcar y tabaco, eran los pilares de la economía del ex Cantón, pero, con una visión hacia el futuro, comenzó a cultivarse el café con buenos resultados. Ya para 1879 se notaban los rendimientos en el mercado nacional. La aromática cereza se convirtió en la fuente principal del desarrollo de una veintena de grandes cafeticultores que impulsaron la construcción de obras importantes.

Motivados por el decreto promulgado el 21 de junio de 1880, por el Gobernador del Estado de Veracruz, Luis Mier y Terán, la Villa de Huatusco fue elevada a la categoría de Ciudad. Fue un despegue importante que dio certeza jurídica a las operaciones comerciales y agrícolas, dando facultades constitucionales al Municipio con autonomía para efectuar todo tipo de trámites administrativos solicitado por la ciudadanía, sin tener que trasladase a la capital, Xalapa.

El régimen porfirista sentó sus bases en esta localidad, adoptó el modelo de vida europeo, dando preferencia a la importación de materiales para embellecer el interior de los hogares de los más acaudalados, generandose el consumo de telas finas, perfumes, joyas y artículos para la recreación. El piano llegó a situarse en un referente de las reuniones donde se escuchaban conciertos traídos por personajes que recorrían países del viejo continente.               

Portador de una cultura excepcional, procedente del Puerto de Vigo, España, don Prudencio Solleiro Negrete, inició con recursos propios en 1896 la construcción del Teatro que fue bautizado con su apellido. Por lo que, a principios del siglo XX, se convirtió en el sitio ideal para realizar distintos eventos como operetas, zarzuelas, obras teatrales, funciones de cine y eventos cívicos. Una joya que se convirtió en templo de la cultura regional.

Crónicas de aquellos años, refieren que por ahí se presentaron las compañías de Roberto Soto, Joaquín Pardavé, los títeres de Rosete Aranda y artistas como María Manrique de la Fraga. En esa etapa de efervescencia para adentrarse en el arte, el señor Rebollo desde New Jersey envía una carta donde explica: “A menudo oigo las notas sinfónicas del pequeño grupo que integraba el quinteto huatusqueño formado por Leopoldo, Pancho, Rafael González, Fernando Espejo y otro cuyo nombre no recuerdo, que tocaba el clarinete…”      

  El tercer ramal del acueducto Coxolo-Huatusco, que surtía de agua a los hogares de la clase rica fue inaugurado en 1903. Sin dejar fuera el principal objetivo de abastecer los Beneficios de café, que consumen grandes cantidades del vital líquido. Y para mantener con eficacia la demanda, se construyó la enorme caja de almacenamiento, ubicada sobre lo que hoy es la avenida cuatro. La carta de presentación para los visitantes eran la extensa Alameda Chicuellar y las principales vías empedradas.