7 diciembre 2022

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Sin AMLO en la boleta,
Morena será presa fácil

Rafael Pérez Cárdenas

 La tarde de este domingo, dos figuras emblemáticas del morenismo –el senador Ricardo Monreal y el diputado Mario Delgado, ambos líderes de sus grupos parlamentarios-, lanzaron una especie de profecía poco optimista para el cuatroteísmo: sin AMLO en la boleta electoral “la batalla por mantener el poder será difícil”. En muchos estados, distritos y municipios, sus candidatos podrían ser presa fácil.

En el mitin virtual de Morena celebrado ayer destacó la autocrítica, hasta ahora ausente del gobierno federal y de sus grupos parlamentarios, en el que asumen que Morena está en caída libre: su ex presidenta Yeidckol Polevnsky es investigada por desvío de recursos e incluso por quererse apropiar del nombre y los slogans de la 4T; el partido carece de estructura en todo el país porque la mayoría de sus dirigentes se incorporaron al gobierno, y la dirigencia nacional se sigue dirimiendo en tribunales ante la falta de consensos y una elección verdaderamente democrática.

Monreal y Delgado saben, como el resto de los morenistas en el país, que sin López Obrador sencillamente no son nada. Morena nació, creció y llegó al poder de la mano del caudillo. Sin embargo, la fallida elección nacional –donde incluso el más serio aspirante era precisamente Mario Delgado-, dinamitó todas las posibilidades de una transición que sirviera al proyecto del Presidente. Incluso, López Obrador ha llegado a amenazar con renunciar al partido –y quedarse con el nombre- si siguen las disputas internas.

Sería un caso único en el mundo: un partido político que en su primera elección presidencial llega al poder y que estando en el gobierno, desaparece para la siguiente.

Durante su encuentro de ayer domingo, Monreal admitió que “ganar la mayoría legislativa, así como la mayoría de las entidades federativas y la mayoría de los puestos de elección popular en disputa, es una vocación democrática legítima y una tarea que ahora nos resultará más pesada, porque no estará en las boletas el nombre de Andrés Manuel López Obrador.”

“En la próxima contienda electoral de 2021, actuemos con sobriedad y con prudencia. Nadie tiene asegurada la victoria. No lancemos las campanas al vuelo, y trabajemos” dijo al plantear que hay sana distanciamiento entre partido y gobierno.

Mario Delgado Carrillo, por su parte, pidió a Morena dejar los tribunales y trabajar ya para el 2021, pero “nos necesitamos a todos. El vacío que nos deja Andrés Manuel como dirigente partidista es tan grande que nadie lo puede llenar por sí solo”. Así, ante la ausencia de López Obrador se requiere unidad “que nos reconozcamos los unos a los otros y nos respetemos, que no descalifiquemos a uno, que no excluyamos a otro, que no haya trampas, nos comprometimos a regenerar la vida pública de nuestro país”.

En la expresión de ambos está el reconocimiento de lo que todos saben: el Congreso federal, las gubernaturas y los Congresos locales los ganó López Obrador. Los personajes salidos de las tómbolas –hoy engreídos por un cargo que jamás soñaron- volverán a ser los ciudadanos ordinarios sin liderazgo ni experiencia en la actividad pública. No habrá más valencianas de donde colgarse.

Particularmente Ricardo Monreal –uno de los más fuertes aspirantes a la candidatura presidencial- ha sido un crítico constante de los representantes populares de Morena, particularmente uno de ellos, el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez. El líder en el Senado dijo que la mala imagen del mandatario veracruzano pesará en el próximo proceso electoral.

De tal suerte, Moreno no sólo tendrá que arreglárselas con la “orfandad” política que les ha impuesto en Presidente –los programas sociales podrían no ser suficiente-, sino que tendrá que lidiar con el desastre que han dejado mandatarios como Cuauhtémoc Blanco, Miguel Ángel Barbosa y Cutiláhuac García, tres de los peor calificados a nivel nacional.

En realidad, Morena no existe como movimiento, ni siquiera como partido político. A diferencia de los gobiernos anteriores, el Presidente de la República no se asocia al partido que lo postuló. López Obrador no es un Presidente de Morena como Calderón lo fue del PAN o Peña Nieto del PRI. Esto ha provocado que la población abierta, incluso la militancia, no asocie que los programas sociales tienen un vínculo con el partido. Para la gente, los apoyos los entrega el Presidente, no el Partido.

La teoría de confirma: el único partido que podía vencer a Morena es Morena. La democracia interna fue una simulación; la antropofagia es real.

Las del estribo…

  1. Sigue el carnaval de irregularidades en el TSJE. Ahora resulta El Magistrado Víctor Manuel Cesar Rincón, el único que aspira a repetir en el cargo, no se ha tomado la molestia de tramitar su cédula profesional, según consta en el sistema de la Secretaria de Educación Pública (SEP). Habría responsabilidad de quien lo propuso, de los diputados que en su momento lo nombraron y de quienes promueven su ratificación, eso sin contar que todas las actuaciones realizadas en estos diez años quedarían sin efecto. No es un asunto menor, por mucho que la 4T jarocha intenta pasarlo por alto.
  2. Morena en Veracruz vive una crisis similar a la dirigencia nacional. Luego de un fallido intento por renovar la dirigencia con cuadros del mandatario estatal –entre ellos, el diputado Juan Javier Gómez Cazarín-, la dirigencia nacional les mandó a Hugo Alberto Martínez Lino, hombre cercano a los afectos del súper delegado Manuel Huerta, para hacerte cargo del partido. La rebelión de la granja es cuestión de tiempo.