5 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

MODERNIZAR EL HOSPITAL CIVIL.

Todavía podemos contabilizar ciento cuarenta años ya pasados, cuando los meses y los días estaban rodeados de sueños y realidades, una larga vida contaminada por versos vagabundos que se colgaban del cielo como el arcoíris. Alucinábamos que existían las enfermedades como el anuncio de la muerte, que se extiende por el horizonte, sin esperanza para aquellos que con sutileza eran envuelto con su funesto aliento.

A medias entendíamos que existían los métodos clásicos de la medicina, que se suponía recetaban en las boticas. Pero más eficaz y creíble eran las curanderas que basaban su fama en la experiencia y el conocimiento de la herbolaria, con el apremio del tacto con los dedos que a menudo eran los instrumentos sumamente confiables para detectar cualquier malestar en el organismo.

Arribamos al siglo XIX y Huatusco no contaba con los servicios de un centro hospitalario. Las necesidades de ser atendidos por un profesionista de la medicina, eran cada vez de vital urgencia. Heridos por accidente o de manera intencional, tenían que ser trasladados a las instalaciones de la Cárcel Municipal, donde no se podía proporcionar una buena atención por falta de material de curación y sobre todo un responsable de suministrar los primeros auxilios.

Esta indigencia se repetía en los comentarios que realizaba un grupo de respetables ciudadanos que se reunían por las tardes en la Farmacia de “Santa Cecilia”, ubicada a un costado del atrio del templo. Don Ignacio Canseco, el Jefe Político, don Carlos Hernández y don Luis Cubría, eran los más interesados para que se instalara un dispensario e internar a los que padecían algún mal y se les proporcionara albergue donde protegerse durante la noche.

Se incorporó a este grupo de prominentes huastusqueños, el doctor Darío Méndez Lima, originario de la pintoresca Orizaba, desempacó sus maletas un 6 de enero de 1888, dedicado a la atención de pacientes que demandaban ser auscultados de manera adecuada. Su personalidad y sobre todo los conocimientos de la problemática lo honraron para ser tratado con mucho respeto.

De esas pláticas entre amigos, surgió la idea para que en esta localidad se construyera una clínica para atender a los enfermos de escasos recursos. El doctor Méndez Lima, les pidió que le proporcionaran un local donde funcionara este dispensario que llevaría el nombre “Hospital De la Caridad”. Don Ignacio Canseco, con sus recursos, dispuso la adquisición del edificio situado en la avenida Libertad, después llamada Jesús Carranza y hoy avenida 2 esquina calle ocho (antes Cueto)

Con la valiosa aportación física y económica de las damas de la sociedad huatusqueña, encabezadas por doña Mercedes González Vda. De Basualdo, se reunió el equipo para amueblar y poner en movimiento el tan anhelado beneficio. Se calcula que este evento inició en el año de 1890, haciéndose responsable de la organización y puesta en marcha al doctor Vinicio.

En poco tiempo los requerimientos crecieron para la capacidad del nosocomio, se discutió con el benefactor lo imprescindible para ampliarlo con una nueva construcción. Fue así como el día primero de octubre de 1897 se puso la primera piedra del hoy “Hospital Civil Doctor Darío Méndez Lima”. Habiéndose terminado diez años después y con varias remodelaciones, sigue en pie, prestando auxilio a la zona cafetalera.

Hoy se debe hacer presente el nosocomio por la situación de pandemia que se vive a nivel mundial. Es de suponer que tanto la capacidad material como humana tiene la presunción del colapso que podemos sufrir por el aumento de los contagiados, sin embargo, confiamos que todos los centros públicos y privados coordinen esfuerzos para afrontar un fenómeno que pretende desequilibrar las economías y las relaciones sociales del planeta tierra. Es importante que la población este bien informada para que asuma su responsabilidad.