7 diciembre 2022

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Desde Huatusco

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ROBERTO GARCÍA JUSTO.

EN EL OJO DEL HURACÁN.

Quedarse en casa durante más de cuarenta días, es una consigna que no todos los mortales alcanzan a comprender del todo. Hay inquietud por esta modalidad implementada por la pandemia que amenaza al mundo. Los noticieros hablan en un noventa por ciento de este virus que se extiende con mucha agilidad, siendo portadores los mismos humanos que ahora se siente acorralados por las medidas estrictas de las autoridades de salud.

En esta localidad ha bajado la actividad productiva en talleres, Bancos, oficinas federales y estatales, así como centros educativos. Los ahorros guardados con anterioridad, están alentando la supervivencia de un buen número de individuos que se previnieron. La reducción del flujo normal de vehículos y personas se observa por las principales avenidas y calles del centro. Podemos afirmar con certeza que no todo es encierro, todavía hay quienes transitan bajo su propio riesgo.

Hace algunos años Huatusco sufría de la incomodidad de permanecer en el hogar por varios días. El periodo de lluvias iniciaba con el mes de mayo y los intensos aguaceros caían de manera permanente. Niños y adultos sentían temor por los rayos que estruendosamente caían sin idea para adivinar su destino. Acostarse temprano o encerrarse era la orden del jefe de familia, en este caso se aprovechaba para realizar algunas actividades bajo techo.

Los mayores se encargaban de escoger el maíz, separando los de siembra y el de consumo, luego se ponían a martajar la semilla de café para después sacudirlo y tostarlo. Entre mujeres y niños armaban el juego del coyote y las gallinas o la lotería que estaba de moda con sus cuarenta cartas y sus respectivas tablas de dieciséis figuras. En algunos momentos se aceptaban apuestas de cinco centavos porcada jugador.

De ahí surgieron músicos y cantantes que, se prestaban el cancionero de sal de uvas picot. Sobresaliendo la figura de doña Juana y Chema tamales. También el piano pasó a formar parte de una generación que impedidos por las limitaciones ocasionada por el chipi-chipi, consiguieron estar a la altura de otros centros de población que no tenían estos obstáculos naturales. Cada quién inventaba su entretenimiento ya que, otros jugaban a representar obras de teatro, títeres, zarzuela hasta aprender a bailar.

Los arrieros que transportaban pasajeros y mercancías a Coscomatepec y Soledad de Doblado, estaciones por donde pasaba el ferrocarril Nacional Mexicano, suspendían su servicio y se dedicaban a realizar otras tareas ajenas a su trabajo. Se paralizaba la actividad sin que la autoridad lo decidiera, lo principal era conservar la salud y evitar el riesgo de perder la vida por los peligrosos caminos de terracería, anegados de agua y lodo.

Las pérdidas de los empresarios que exportaban productos del campo, como café, panela, tabaco, aguardiente o piezas de artesanía, ya estaban consideradas para que, al año siguiente no tomaran en cuenta ventas o compras de la temporada. La población urbana y rural, para prevenirse almacenaba maíz, frijol, picante, café, azúcar, piloncillo, carbón y leña. Había una admirable correspondencia entre hombre y naturaleza en donde ambos subsistían respetuosamente sin pretextos ni engaños.