La madrugada parecía tranquila, como tantas otras en la caseta de Acayucan. El flujo de vehículos, las luces, el sonido constante del paso de unidades. Todo normal.
Pero en cuestión de minutos, todo cambió. Kathya Josselyn Bartolo Luis, de 26 años, trabajaba como cajera de CAPUFE cumpliendo con su turno.
Un trailero se detuvo, pagó su peaje y, antes de irse, le dejó un “detalle”: dos chocolates.
Minutos después de probar uno, Kathya comenzó a sentirse mal. Su respiración se volvió agitada. El dolor en el pecho apareció de forma repentina, intensa, insoportable.
Sus compañeros corrieron a auxiliarla. La urgencia era evidente. Cada segundo contaba. Fue trasladada de inmediato a un hospital en Oluta, pero la vida se le escapaba entre las manos.
Lamentablemente, no logró resistir. La joven, originaria de Ixhuatlán del Sureste falleció.
Hoy, ese segundo chocolate está en manos de las autoridades, bajo análisis. La Fiscalía ya investiga lo ocurrido, mientras el cuerpo de Kathya fue llevado al Servicio Médico Forense en Cosoleacaque para esclarecer la causa de su muerte.
Pero más allá de los peritajes, hay una historia que duele. Una joven que salió a trabajar y ya regresó a casa.

