Hacen unos días encontraron un tiburón foca en la playa de Luarca, en Asturias, en España. Un hecho que sorprendió tanto a vecinos como a especialistas marinos, ya que se trata de una especie extremadamente rara de ver en la superficie.
Este ejemplar pertenece a un tipo de tiburón de aguas profundas, un animal que normalmente vive entre los 400 y más de 1 600 metros de profundidad, lejos de la luz solar y del contacto con los seres humanos.
El tiburón foca es una de las especies más misteriosas del océano. Su vida transcurre en zonas oscuras, frías y silenciosas, donde la presión es enorme y la luz prácticamente no existe. Por esta razón, no suele acercarse a la costa ni a la superficie, y cuando ocurre, casi siempre está relacionado con algún problema grave: desorientación, enfermedad, heridas provocadas por actividades humanas o cambios bruscos en las condiciones del mar.
Este tipo de tiburón tiene un cuerpo robusto, piel oscura y ojos grandes, adaptados para ver en la penumbra del océano profundo. Se alimenta principalmente de peces, calamares y otros organismos que también habitan en grandes profundidades. Su metabolismo es lento y su crecimiento es pausado, lo que lo convierte en una especie especialmente vulnerable, ya que tarda muchos años en reproducirse y recuperarse frente a cualquier amenaza.
Uno de los aspectos más impresionantes del tiburón foca es su reproducción. Es una especie ovovivípara: los embriones se desarrollan dentro de la madre durante un largo periodo, que puede extenderse por varios años. Esto significa que cada ejemplar es biológicamente muy valioso para la supervivencia de la especie, y la pérdida de uno solo representa un impacto importante en poblaciones que ya son reducidas y poco estudiadas.
El hallazgo de este tiburón en una playa no debe verse como una curiosidad aislada, sino como una señal de alerta. Cada vez que una especie de aguas profundas aparece fuera de su entorno natural, los científicos consideran factores como la pesca de arrastre, los anzuelos de gran profundidad, la contaminación marina, el ruido submarino y el cambio climático, todos ellos capaces de alterar el equilibrio de los ecosistemas más profundos del planeta.

